Hace media vida, en una charla sobre marketing dijeron que encontramos a los clientes que nos son más afines y que acabamos trabajando con quienes nos sentimos cómodos y tenemos valores en común. En mi caso ha demostrado ser cierto.
Cuando encuentras al cliente ideal
Desde hace cuatro años, hemos tenido la suerte de colaborar con una organización feminista mundial. Nuestra función era la de facilitar la comunicación durante las reuniones de la Junta directiva que se realizaban una o dos veces al año en algún rincón del planeta, pero también en los momentos más «sociales» como comidas y cenas. Así garantizábamos la comunicación con interpretación simultánea durante las reuniones, pero también con interpretación de enlace en los momentos más relajados. Con esta organización he tenido la suerte de viajar a Berlín, Bruselas, Estambul, Bangkok y Fiji…
Ha sido una experiencia enriquecedora, tanto desde el punto de vista profesional como humano, ya que me ha permitido descubrir en primera persona cómo se pueden hacer las cosas de otra manera, aplicando el feminismo a la gestión económica, organizativa y humana y he conocido a personas maravillosas.
Todo lo que empieza, acaba
Nuestro trabajo era para una única miembro de la Junta que no hablaba inglés y que nos necesitaba para entender y expresarse sin problemas. Así pues, al acabarse su mandato, nuestro trabajo también llegó a su fin.
Por supuesto, una querría que los trabajos que le gustan duraran para siempre, pero me ha hecho reflexionar sobre la función de la interpretación. Justamente, los intérpretes entramos en juego para hacer posible la comunicación de varios interlocutores que no hablan el mismo idioma.
Ahora ya no somos necesarias para que la comunicación fluya… pero quién sabe lo que nos deparará el futuro. Y sé que cuando vuelvan a necesitar un servicio de interpretación volverán a contar con nosotras porque encontraron a unas intérpretes profesionales, pero que también encajaron con el grupo.


